Gerardo Martino llegó a la Selección Argentina con un discurso muy grandilocuente, que ponía al buen juego por delante de todo, pero finalmente ha elegido seguir por el camino de siempre: un equipo partido en tres partes iguales, con una excesiva dependencia de los tres de arriba, apostando más que nada al contragolpe y a lo que pueda hacer Messi con la gran cantidad de pelotazos que recibe. Así pudo vencer por la mínima y sin brillos a un Chile que tenía a Juan Antonio Pizzi como debutante en el banquillo y que no contaba por lesiones y suspensiones con la columna vertebral de su ya aceitado equipo.
La Argentina saltó al césped del Estadio Nacional con la intención de no repetir la historia reciente. Lo primero que hizo fue presionar alto sobre la salida de Chile, aunque sin arriesgar demasiado para no perder el equilibrio y ser sorprendido con el contragolpe. La apuesta de Chile era a la segunda pelota, con la idea de romper a la defensa rival con pelotazos cruzados a sus dos exteriores. La levemente menor agresividad de Chile generó que la salida Argentina fuese más prolija de lo habitual, con mucha paciencia y tratando de tener el control del balón.
Pero el que avisó primero fue el local, con una llegada de Orellana por la banda y un centro para Mena que el lateral no pudo conectar. La temprana lesión de Matías Fernández obligó a Pizzi a agotar su primera variante a los 6', ingresando Silva en su lugar y quedando Marcelo Díaz un poco más liberado de su función de marcaje.
Un balón filtrado en vertical de Alexis Sánchez al área finalizó en una volea alta de Gutierrez, pero estaba claro que tras un comienzo dos marchas más abajo de lo habitual, Chile estaba comenzado a dominar las acciones. Tanto Sánchez como Orellana se movieron libremente por todo el frente de ataque, los dos tratando de armar juego desde el centro hacia los costados con la pelota y al mismo tiempo de sorprender a los defensores argentinos sin el esférico.
Los de Pizzi llegaron otra vez con peligro, primero con un envío de Mena tras pase de Alexis que fue despejado con lo justo por Otamendi y luego con un disparo de Silva en la continuidad de la jugada que salió muy cerca del parante izquierdo de Romero. El peso de Chile era total, pero en una aparición, Messi demostró lo que puede hacer la Argentina aún sin jugar bien: a pura velocidad, dejó a cuatro rivales en el piso, abrió con Di María dentro del área y el jugador del PSG en lugar de devolverle el balón remató forzado por encima del larguero.
El local respondió con una llegada de Isla y un pase filtrado para Orellana que Funes Mori cortó con lo justo. En ese mismo tiro de esquina, Gutierrez cabeceó un centro preciso de Díaz ante la mirada de toda la defensa argentina y puso el 1-0 que hizo delirar al Estadio Nacional. Los rechazos del central del Everton se hicieron moneda corriente en los siguientes minutos, ante un Chile avasallante que salió en busca del segundo gol de inmediato.
El equipo de Pizzi mostraba varias conexiones con el de Sampaoli, quedando claro que los retoques habían sido mínimos: jugaba sin posiciones fijas de tres cuartos de campo en adelante, con Alexis y Orellana libres y aprovechando las espaldas de los centrales que siempre quedaron a contrapierna en el uno contra uno. Los dirigidos por Martino mostraron muy poco, sin poder hacer contacto con la pelota ni con conexiones o transiciones razonables en ataque. La circulación y la dinámica, como en casi todo el ciclo del ex Newell's Old Boys y Barcelona, estaba ausente a pesar de ser necesitada como agua en el desierto.
El buen trabajo de Chile fue arruinado por dos minutos fatales: una mala salida por abajo derivó en Banega dentro del área, el enlace del Sevilla habilitó a Di María y el Fideo no falló esta vez con un tremendo disparo seco cruzado que venció la resistencia de Bravo para poner el 1-1 y sembrar la incertidumbre en el campeón de América. El joven Bryan Rabello, portador de la número 10, reemplazó a Marcelo Díaz que cayó tras un golpe luego de una patada recibida y la desgracia volvió a invadir el espíritu de la afición local.
Una Argentina revitalizada se fue acercando poco a poco al segundo gol, con Messi encontrando más espacios y liderando un equipo que a pesar del impulso siguió siendo más bien opaco en la parte del juego. A los 24', Banega lanzó mal un tiro libre frontal, Di María la puso en el área de nuevo a la pelota, Messi aguantó la carga de un defensor, el balón cayó en los pies de Mercado y el lateral de River con un disparo a quemarropa puso el 2-1 para la selección de Martino.
El nerviosismo creció en Chile, ya que sin dos jugadores clave y en desventaja ante un rival sin méritos para estar arriba en el marcador, tuvo que comenzar a remar a contracorriente. Los de Martino se mostraron un poco más tranquilos con los números en positivo y por unos minutos buscaron mayor control que en el tramo inicial del partido.
Sobre el cierre de la primera parte, Chile lució recuperado del golpe, atacando sin cesar ante un rival bien cerrado que intentó alejar de su área el balón a toda costa para trasladar la lucha al mediocampo. Gutierrez tuvo el empate en la jugada final, con un bombazo sensacional que se fue a milímetros del ángulo derecho ante la inerte mirada de Romero. La Argentina había esquivado la bala, pero nada garantizaba la victoria si es que las cosas no cambiaban de manera radical en lo referido al juego en los segundos 45'.
El escenario comenzó de manera desconcertante para la Argentina en el complemento, ya que salió a hacer tiempo - Romero fue amonestado por ello, sin necesidad alguna- y dejó crecer a Chile que volvió a presionar alto en los primeros minutos. La iniciativa fue toda del local, abriendo el campo con los laterales y exteriores frente a una Argentina estática y observadora.
El sector de Mena y Beausejour fue el elegido por los de Pizzi para cargar el ataque. Martino ni se inmutó ante la parsimonia de su equipo, que no mostró cambio de ritmo en ningún sector del campo de juego y se entregó a la resistencia absoluta. Beausejour rompió por enésima vez a toda velocidad por el costado, entró al área y tocó para Alexis, que anticipó a Otamendi y definió de cachetada apenas desviado ante la salida de Romero.
Si bien Chile tampoco ofrecía garantías al ser atacada, Medel solucionó los pocos inconvenientes que le generó la Argentina con balones largos para Di María y Agüero, con Messi un poco más tirado atrás para entrar en contacto con la pelota. Los anticipos de los centrales argentinos mejoraron mucho, pero el mano a mano se hizo misión complicada para la línea de fondo visitante.
Los pupilos de Martino siguieron jugando mal, aunque mostrando una mejor imagen cuando rompían con pases largos, salteando la elaboración en el centro del campo. Una buena llegada de Di María derivó en una sorpresiva apertura con Messi y un centro pasado que Bravo atrapó sin problemas. Al atacar con solo sus tres delanteros y sin ningún tipo de apoyo, Chile nunca pasó sustos cerca de su área debido a su superioridad numérica.
Con Messi bien marcado, aislado y corriendo por todo el campo de juego, su talento estaba desperdiciado por completo una vez más. Los de Pizzi estuvieron al borde del empate nuevamente con una gran llegada de Isla, un enganche al medio, un toque para Orellana y un disparo del delantero que Romero envió al tiro de esquina con una notable atajada. Unos segundos más tarde, el portero del Manchester United volvió a salvar su valla, esta vez anticipando con lo justo a Alexis Sánchez.
La albiceleste estaba demasiado retrasada, jugando al contragolpe y dejando venir a un Chile prolijo y arrollador, aunque sin precisión en los metros finales. Pero las individualidades, sobre todo si se llaman Lionel Messi, siempre pueden convertir la oscuridad en luz: el crack del Barcelona se juntó con Agüero, lo habilitó perfectamente y el del Manchester City sacó un disparo cruzado magistral que salió a centímetros del palo izquierdo.
Poco tiempo más tarde, los cambios comenzaron a llegar: Higuaín entró por Agüero, en una variante tardía del entrenador argentino, sobre todo por la mucho mejor actualidad del Pipita en su club. Pizzi agotó variante con la entrada de Pinilla en lugar de Rabello, tratando de concentrar peso en el área antes del asedio final.
El ariete del Atalanta tuvo su gran oportunidad a segundos de su ingreso, luego de recibir dentro del área de parte de Beausejour, pero terminó definiendo sin ángulo al lado externo de la red. Unos minutos después, Romero ganó arriba en un tiro de esquina e inició un contraataque con Biglia, que encontró a Higuaín cerca del área. El delantero se sacó a la marca de encima y remató, pero fue bloqueado milagrosamente por un rival.
Martino sorprendió con su segunda variante, entrando Augusto Fernández en lugar de Ever Banega, privilegiando la cobertura por encima de la creación, del juego que tanto pregona en sus conferencias de prensa y entrevistas. El triple cinco puro no impidió que Chile se acercase de nuevo a un empate merecido: Silva capturó una pelota suelta y con un disparo rasante fortísimo quedó muy cerca del parante izquierdo.
El cambio de Lavezzi por Di María sumó mayor incertidumbre al cuadro argentino, ya que luego de buscar contención y calma, el entrenador puso un jugador que es vértigo puro y nada más. Los minutos finales encontraron a la Argentina sufriendo el partido, deseando el pitazo del colegiado tal cual durante casi todo el trámite. Los únicos que se salvaban eran Otamendi y Funes Mori, dos muros ante la gran cantidad de balones que llovían sobre sus dominios sin cesar.
El jugar de contragolpe con Messi y Lavezzi, sin plan B ni otra alternativa más interesante al menos, terminó siendo una propuesta indigna de un equipo que tiene a intérpretes que están dentro de los mejores del mundo en su puesto hace muchos años. Lavezzi estuvo a punto de convertir el tercero de casualidad luego de intentar una pared con Messi entrando al área, pero el balón se marchó apenas alto por detrás de Bravo.
Luego de un tiro libre de Alexis que se marchó por encima del larguero, la frustración de los chilenos se hizo demasiado grande como para lograr empatar las acciones. El cuadro visitante no hizo más que recostarse sobre su arco y el cansancio de los rojos debido al gran desgaste realizado durante los 90' terminó por hacer el resto.
El festejo fue estruendoso, más allá de que revancha por la Copa América no hubo, ya que la Argentina necesitaba ganar este partido para poder acomodarse en la parte alta de la tabla. Muchos periodistas, críticos en la derrota respecto del juego pero que suelen olvidarse de él en la victoria, sentenciaron que la Argentina "jugó como se le pedía, con el corazón". Lo cierto es que más allá de los tres puntos y de lo que significan en una Eliminatoria más bien mediocre - donde Ecuador es la gran excepción con muy buen juego y solidez-, Gerardo Martino no ha logrado aplicar su discurso. Basta recordar que en la final del torneo continental contra Chile, eligió refugiarse en su arco en lugar de consolidar los retazos que había mostrado a lo largo del torneo. Salvo entregarse a lo que hagan Messi y sus socios de arriba, no hay alternativas, algo que es decepcionante considerando los planes con los que el entrenador decía llegar en el momento de su asunción. Sin una idea de juego consolidada y aceitada, no se puede ganar absolutamente nada. Tal vez, claro, algún que otro partido que no posee tanta trascendencia en el cuadro general, como este que se rescató milagrosamente contra un Chile herido de muerte desde el minuto 6' del primer tiempo, con un entrenador nuevo y que aún así fue superior.
Humildemente, desde este espacio, nos proponemos otra petición: un poco más de juego, por favor.
Las alineaciones fueron las siguientes:
Chile (4-2-3-1): Bravo; Isla, Medel, Jara, Mena; Gutierrez, Marcelo Díaz (Rabello/Pinilla); Beausejour, Matías Fernández (Silva), Orellana; Alexis Sánchez.
Argentina (4-2-1-3): Romero; Mercado, Otamendi, Funes Mori, Rojo; Biglia, Kranevitter; Banega (Augusto Fernández); Messi, Agüero (Higuaín) y Di María (Lavezzi).
Redactado por Rodrigo López Vázquez (@RodrigoLVazquez)




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