A pesar de la ausencia de base all star y del cansancio acumulado, el equipo angelino ganó a los Rockets en Houston con un triple-doble impresionante del ala-pívot.
48
horas después
de vencer a los Spurs en
un memorable séptimo partido de primera ronda de los Playoffs, los
Clippers se presentaban en Houston para
iniciar las semifinales de la Conferencia Oeste ante los Rockets con
Chris Paul,vestido
de calle por lesión.
Una baja por esos ya famosos pinchazos en el muslo izquierdo que
terminaba de convencer a los más escépticos de lo
épico de la hazaña del base all star ante San Antonio,
con esa canasta ganadora por encima del gran Tim Duncan.
Y pese a la ausencia de su pequeño
general y
al cansancio acumulado por una serie eterna e inolvidable, el
equipo angelino asaltó el Toyota Center (101-117 y 0-1) ante 18.231
espectadores que
tuvieron que rendirse ante la clase,
la calidad, la potencia y el genio de Blake
Griffin.
Impresionante su triple-doble: 26
puntos, 14 rebotes y 13 asistencias, así
como su actuación en la cancha.
Empezaron
mejor los Rockets, en algo más de un cuarto y medio de buen juego en
el que llegaron a tener 13 puntos de ventaja después de dos
triples consecutivos del ex-ACB Pablo Prigioni (11 tantos y 3
asistencias).
James
Harden (20 y 12) tiró
menos de lo que acostumbra y cometió
9 pérdidas,
algunas de ellas en momentos importantes. Entre
Austin Rivers (17 puntos) y Jamal Crawford (21) asumieron con acierto
la dirección del juego de los Clippers en
ausencia de Paul y poco a poco fueron haciéndose con un partido que
estaba dominando Howard
(22 tantos, 10 rebotes y 5 tapones) con su intimidación en ambos
tableros.
Resistió Houston hasta que entre Barnes (20), Rivers y Redick (17)
pusieron por delante al equipo angelino (69-68, min 32). Justo
antes de acabar el tercer cuarto, un triple a tabla de Crawford caido
del cielo hizo mucho daño a los de Kevin McHale, que ya fueron a
remolque hasta el final del partido.
El
momento clave legó a 7:02 del final,
cuando Barnes
detuvo el intento de remontada de los Rockets,
que se colocaban
a un solo punto (88-89) tras gancho de Howard, con un tiro letal
desde la distancia, cuyo acierto repitió poco después y que fue
seguido por otro triple esta vez de Crawford. Un
0-8 demoledor, labrado con una circulación de balón excelente y
vistosa,
que dejó ya sin reacción a un equipo texano que dejó un final de
partido preocupante por su falta de actitud ante la adversidad y por
alguna que otra pérdida más que sumó para alcanzar las 23, una
burrada —aunque es cierto que los Clippers extraviaron 21 balones—.
Tras este magnífico triunfo, que prolonga
la fiesta del equipo de un Doc Rivers muy pretencioso
con el público de Houston,
y con la posible vuelta de Paul en el segundo duelo, la eliminatoria
toma color angelino.
Twitter: @Taki_NBA // @Noe2332

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