Harakiri.
El contrario más
a modo que ha tenido La Fiera desde que regresó a primera división, el Atlas,
esperaba al Club León en la perla tapatía.
No habían tenido una buena semana los rojinegros, eliminados de la Copa
Libertadores y con una marcha regular en el torneo de la irregularidad, pero el
equipo verdiblanco terminaría ensuciando la marca perfecta que tenía ante el
rival, de 100% de victorias (léase @EsmeraldaSangre) y cosechando una derrota
más en su negro torneo, uno de los peores que se le recuerde.
No fue sólo el Atlas,
sino el partido, el que se puso a modo para La Fiera. Increíblemente, el Club
León dilapidó una ventaja que parecía irrevocable y acabo dejando muy tocada la
posición de Pizzi, en un ambiente que parecía por fin tranquilisarce.
El rival
Tomás Boy es uno
de los técnicos más respetables del fútbol mexicano. Incluso, de los más
sabios. Su trayectoria individual como entrenador no tiene el reconocimiento
con títulos, pero es difícil que sus equipos no compitan de forma adecuada. Por
ejemplo, el fue quien relanzó la carrera de Miguel Sabah.
El Atlas salió
con una formación de 4-2-3-1, la línea de cuatro defensores bien marcada, con
dos centrales y dos laterales, que buscaban ser muy prudentes a la hora de
salir y no tomaban altura en sus posiciones.
Apoyando el inicio de la jugada, se acercaban sus dos mediocentros,
contenciones o “cincos”, para tratar de
encontrar el pase. Sin distinción, si uno del “doble cinco-2 no podía,
circulaban la pelota y lo intentaba el otro.
Por delante,
aunque figuraban como extremos y mediapunta en el papel, los hombres de ataque
le ofrecieron mucho juego interior al Atlas, en especial Leao. El colombiano es
excepcional para recibir entre líneas y mantener la pelota el tiempo necesario
para que su equipo se asiente en campo rival. Por lo demás, Caballero fue el
“9” del Atlas y su referencia, enfocandose en finalizar las jugadas, incluso
teniendo libertad para desatender labores defensivas.
Para defender,
Atlas tuvo dos fases: la primera, fue con el marcador a cero y en fases en las
que el partido pasó por cierta tranquilidad. En dicha circunstancia, Atlas se
defendía por acumulación. Sus jugadores recorrían metros hacia el marco propio,
para reducir espacio y defender unidos (juntos) la circulación del León.
Una vez que el
marcador se los requirió, comenzaron a presionar la salida del equipo
esmeralda, atacando al poseedor de la pelota y los posibles receptores, sin
importarles buscar muy arriba al visitante.
Club León
En busca de
continuar con la supuesta mejoría, Pizzi le dio seguimiento a la idea de los,
con el de ayer, tres últimos partidos. Consiste, repasamos, en la tradicional
defensa de cuatro, cinco mediocampistas que defienden en línea de cinco y se
abren en ataque, y un delantero. Sin embargo, la formación de ayer tuvo dos
importantes matices provocados por los diferente nombres que participaron.
En primer lugar,
Gonzalo Ríos, quién entró por Sabah. El delantero argentino tiene mucha
movilidad, buena técnica, sensata lectura de espacios y capacidad de asociarse,
pero le cuesta mucho la comprensión y ejecución de lo que debe de ser un delantero
único. No es que rehuya la responsabilidad, es que no la conoce. Con su
presencia, León perdió una referencia arriba para buscar salir cuando le
presionaban y no estaba habituado a buscar a su delantero en la derecha, que es
donde a Ríos le gusta caer.
El segundo matiz
fue mucho más importante y tuvo una repercusión mayor: la entrada de fer
Navarro como medio derecho. El lateral jugó por delante de Magallón, pero tuvo
un importante peso interior, ocupando la vacante posiciónde mediapunta en
muchas fases del juego. El sentido con el que se asociaba por dentro sirvió
mucho al León, porque se alejaba de la base, bien armada con “Chapo”, “Gullit”
y “Gallo”y se acercaba al delantero. Además, el carril libre era aprovechado
por Magallón, quién tomó mucha altura. Quizá León hubiese sacado más de este
movimiento sí el de Ocotlán hubiese estado más preciso a la hora de centrar.
En general, León
defendió en bloque bajo, juntando sus líneas de defensas y medios para
dificultar el juego entre líneas del Atlas. La presencia de Magallón y Navarro
supuso una un interesante elemento de ajuste: Al recibir el ataque, sí Magallón
se cerraba, Navarro retrocedía hasta ubicarse como lateral, y entonces León
defendía con cinco, siendo muy permeable a la situación.
El partido
León salió sin
complejos para tomar la pelota con tranquilidad. Salió jugando en base a los
apoyos de Vázquez y la claridad de Montes, que liberaban de la responsabilidad
a Canuto y Botinelli, la pareja de centrales, de sacar la pelota jugandola.
Como Ríos no fungía de referencia adelante, Botinelli no recurrió a su pelotazo
en largo.
Al igual que en
River Plate, el central argentino es una amenaza aérea al ataque. Es muy bueno
encontrando espacios de remate en saques de esquina y falta laterales. Pronto
se adelantó La Fiera de esta manera en un impecable saque de esquina que
consiguió inteligentemente Gonzalo Ríos cayendo a la banda.
La ventaja no supuso un cambió en la actitud del León,
que siguió confiando en la verticalidad de las conducciones de Peña y el juego
interior de Navarro como principales armas para acercarse al marco. La ausencia
de Elías Hernandez privó al equipo de desborde, pero en ataque no lo acusaban.
Atlas entonces se fue al frente, principalmente
presionando la salida de la fiera. El valor de Atlas, arriesgando al subir
tanto las líneas para apretar se vió recompensado cuando Vázquez se equivocó al
ceder un balón hacía atrás. Caballero, “9” cazador, regateó a Canuto facilmente
y emparejó las cosas.
El partido volvió a su cauce, con ambos equipos
manteniendo la pelota en sus piés sin miedo. León fue francamente superior en
ese tramo, su defensa del espacio era muy buena, por el lado derecho
(Magallón+Navarro) lucía impenetrable y el motor Peña-Vázquez-Montes tenía más
sentido en la circulación que el doble cinco atlista, los cuales seguían
nublados a la hora del primer pase. En esas, el León elaboró una jugada
paseandola por la frontal y que culmino Navarro nuevamente en zona interior,
mandando su pelota a besar el palo con el gol de la noche.
León basculaba y encontraba espacios, Ríos seguí sin
ser referencia ni prestar apoyos pero encontraba y activaba espacios entre los
defensas y a sus espaldas. Atlas pasaba casi a dibujar un 4-3-3 pues Leao, el
mejor de los rojinegros, bajaba a buscar la pelota y tratar de ganar metros y
asentar a su equipo contra León. Los esmeraldas estaban muy inspirados y
Vázquez quedaba como electrón libre para ahogar cualquier atisbo de juego
interior.
En esas estabamos, cuando los zorros comenzaron a
atisbar el lado débil del León. Comenzaron a acercarse a la izquierda de la
defensa verde y, olvidandose totalmente del lado derecho, atacarón al “Aris”
Hernandez y a Botinelli. Atlas comenzó a llegar hasta dentro del área y la
llegada de Leao a esa zona terminó por anular la ayuda de “Chema” Cárdenas. La
compenetración de Yarbrough con su defensa evitó males mayores, y el final del
primer tiempo Atlas contuvo al Club León con una permisa muy simple: ante la
duda, patada a Luis Montes.
Para la segunda mitad, León bajó el bloque defensivo,
acercandolo a su área. La medida resultó acertada porque redujo la peligrosidad
del ataque atlista, si bien la amenaza por la izquierda no desapareció. Causo
sin embargo un atasco en medio y facilitó la recuperación por el centro. León
aprovecho su flexibilidad y salió rápido con Ríos proyectado al espacio y el
acompañamiento de Peña, pero si se detenía y tenía que mover la pelota lo hacía
con naturalidad. Por arriba, Magallón compensaba a Botinelli en el juego aéreo.
Entonces llegó el fatídico penal, fruto de la velocidad
y verticalidad de Peña y que dejó al Atlas con un jugador menos. Ríos lo echó a
un lado, pero ese fue el mal menor.
La clave del
partido
No es uno de los adagios del fútbol ni una opción
innegociable, pero se habla de que si tu rival pierde un jugador por expulsión
y los estabas controlando, no es prudente cambiar inmediatamente tu plan. Hasta
entonces León venía, como en los recientes partidos, controlando a su rival
negandole espacios y tomandolo mal parado a la contra. Con el rival en
inferioridad numérica, dejó de circular la pelota para que el Atlas no la
jugará y abandono su posición defensiva en bloque bajo para saltar a por el
hombre. No era un sistema defensivo perfecto, porque no había podido defender
fuera de su área y tenía que resolver situaciones dentro de la misma, pero
estaba funcionando. Ahora, al tratar de presionar al rival, León comenzo a
separarse y dejar espacios. Bastaban dos pases buenos del rival, que los daban
bien por lo que sumaban Leao y Brambila, y borraban de un plumazo a tres
leoneses.
Tomás Boy fue muy valiente, pese a perder un central,
se mantuvo con los tres defensas restantes. León le permitió combinar en
mediocampo y perdió el control del partido. Pizzi decidió ir al frente y perdió
toda la ventaja que la expulsión le daba. León se deesperó y desencadenó,
nuevamente volvió a acumular hasta cuatro rematadores en el borde del área
rival. Desguarnecido, Atlas lo agradeció y una jugada a la que nuevamente
Botinelli llegó tarde, empató por medio de un penal.
La entrada de Bravo por el “Aris” siguió la misma
dinámica de tratar de aprovechar la inferioridad del rival, y dejó más expuesto
a los defensas. La salida de Ríos por Sabah dejó nuevamente el “doble nueve”
delante, pero ya era tarde. Una expulsión tonta de Botinelli (tonta porque ya
sabemos como se las gasta el amigo árbitro Fernando Guerrero) y un contragolpe
regalado al Atlas con moño sentenciaron al equipo verdiblanco que terminó
derrotado tres a dos, víctima de sí mismo.
No perdió León porque se defendiese de un rival con
menos hombres, no. Perdió porque eligió mal sus planes para exploitar sus
ventajas y permitió a su rival vivir desde lo táctico, y también, desde lo
individual, con errores de los jugadores. Se hizo el harakiri.
BONUS
La imprudencia del León. Cuatro hombres en el área más
el lanzador. Si no se termina la jugada y el rival contataca, la situación
presenta desventaja para cerrar espacios. Desesperación por tener un jugador
más e ir empatados.
Gol del empate del Atlas. Tremenda presión conjunta y alta
que cierra líneas de pase y obliga a Vázquez a jugar atrás, induciendo al
error. Caballero, el nueve del Atlas, atento.
Esperamos sus comentarios @NacionEsmeralda @Akelandos
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